Estudiantes de Diseño de Comunicación Visual se basaron en la ley trans para intervenir un muro en B



Stephenie Craigdallie, Daniela Montes de Oca, Yeniffer Playán, Felipe García. Foto: s/d de autor

La consigna fue cruzar la ley con los conceptos de diseño, ética y posverdad.

La premisa “diseñar para la acción” estructuró un ejercicio de cinco semanas que terminó a principios de mes en 34 escudos nacionales intervenidos a lo largo de una pared del barrio Belvedere. La temática elegida fue la Ley Integral para Personas Trans –que el Parlamento uruguayo aprobó el año pasado– cuyo texto se cruzó con conceptos de diseño, ética y posverdad. La iniciativa surgió en el curso de Producción Gráfica 2D de la Licenciatura en Diseño de Comunicación Visual (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de la República), en el intercambio entre el equipo docente y los cerca de 150 estudiantes que asisten a las clases.

“En el curso trabajamos distintos módulos durante el año. En este se trabaja la técnica de impresión a gran escala y pegatina en la escala urbana”, explicó Jessica Stebniki, una de las docentes, a la diaria. “Nosotros siempre intentamos cruzarlo con alguna temática que, además de enseñarnos la técnica, nos haga pensar un poco a todos”, agregó. De esa voluntad nació la propuesta de trabajar en torno a la ley trans.

“Partimos de la reflexión de que ya que vamos a intervenir en una escala urbana en la ciudad, que eso diga algo que valga la pena y no se quede simplemente en lo visual”, acotó Stebniki.

La docente resaltó que la propuesta no fue “hablar a favor de la ley”, sino poner el tema sobre la mesa, investigarlo, analizarlo, leer el texto, entenderlo y que eso derivara en las representaciones visuales. Una vez que los estudiantes finalizaron la parte conceptual, el equipo docente propuso trabajar alrededor del escudo nacional, lo que implicó otra investigación teórica, especialmente para intentar definir “por un lado qué significa un símbolo nacional como elemento que refleja los valores del país, y por el otro qué significa cada elemento del escudo”, explicó Stebniki.

El siguiente paso fue buscar un muro con características específicas: lo suficientemente grande para poder pegar de manera lineal los 34 escudos pero que, además, no fuera la fachada de algún comercio o espacio privado y tuviera veredas anchas para que tantos estudiantes pudieran trabajar sin riesgos. Lo encontraron en Belvedere. Había un factor más. “También nos interesaba que los estudiantes se alejaran de los barrios más céntricos y que fueran a barrios más periféricos. Es una experiencia distinta tanto para ellos como para el barrio”, contó la docente.

El ejercicio práctico duró alrededor de seis horas y se hizo en una jornada. Los estudiantes fueron a Belvedere en tandas. Lo primero que hicieron fue pintar el muro de negro para que los escudos tuvieran un fondo homogéneo. Una vez que terminaron, pegaron los escudos.

Si hoy pasan cerca del muro, sólo van a ver el fondo negro. Así es la dinámica de las pegatinas: perduran hasta que son cubiertas por otras. De todas formas, Stebniki precisó que estas pegatinas “duraron menos que otras” que han hecho para otros ejercicios. ¿Fue intencional, para mostrar rechazo a la ley trans? “Hay dos hipótesis”, respondió la docente. “Que las hayan arrancado con intención o que lo hicieran porque querían arrancar algo que estaba pegado y nada más”.

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