La comunidad LGBT también es migrante



La Caravana Migrante ocupa el centro de atención desde que partió de Centroamérica para cruzar México rumbo a Estados Unidos (EUA).

Entre 4 mil y 7 mil centroamericanos, junto a mexicanos que se han unido en el camino, están huyendo de la pobreza y la violencia que se han apoderado de sus lugares de origen, en especial de Guatemala, Honduras, El Salvador y, de forma más reciente, Nicaragua.

Las historias de estos migrantes están repletas de sufrimiento y dificultades, pero, como comunidad LGBT, hay que prestar atención a aquellos homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans que necesitan refugio.

Organizaciones, como Amnistía Internacional, Pueblos Sin Fronteras y la Organización de Estados Americanos (OEA), advierten que cientos de personas LGBT están huyendo de la homofobia y la transfobia de Centroamérica.

Para distraer de su corrupción, los gobiernos conservadores de Guatemala, Honduras y El Salvador incitan al odio de los votantes e implementan políticas que violan los derechos humanos de las personas de la diversidad sexual.

Además, homosexuales, lesbianas y trans sufren violencia desproporcionada de las pandillas centroamericanas, que amenazan, violan y asesinan a estas personas por su orientación sexual e identidad de género, según documenta la OEA.

Pero, para los migrantes LGBT, la violencia no termina al dejar Centroamérica.

A su paso por México, homosexuales y trans padecen acoso, abuso sexual y ataques de odio por parte de la policía mexicana, las autoridades migratorias, grupos criminales, e incluso de otros migrantes, reportan medios internacionales.

Si solicitar refugio es difícil para heterosexuales y cisgéneros, las personas trans y de expresión de género disconforme afrontan mayores desafíos legales y sociales para pedir asilo político, aunque volver a su país sea una condena a muerte, según el New York Times.

Y en Estados Unidos, en los centros de detención para migrantes, también hay registros de discriminación, violencia y abuso sexual en contra de homosexuales, lesbianas y trans por parte de los agentes migratorios.

Por esa razón, además de las caravanas, los migrantes LGBT unen esfuerzos para viajar en grupo rumbo a una vida libre y sin violencia.

Como comunidad LGBT y como seres humanos, debemos solidarizarnos con los migrantes homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans.

Ninguna persona merece morir, sufrir violencia o padecer discriminación por su orientación sexual e identidad de género.

Al ver la Caravana Migrante, debemos entender que entre la multitud y en otros caminos van personas LGBT que han vivido experiencias traumáticas y que no tienen la opción de regresar.

Ningún ser humano es ilegal. Ni por ser migrante, ni por ser LGBT.

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