El brutal hilo de Twitter que condena el bullying homófobo en los colegios



Jamel Myles tenía nueve años. Y a pesar de los pronósticos impuestos por una sociedad adicta a los roles de género, le encantaba llevar vestidos, tacones altos y uñas postizas de colores. La causa de su muerte, según las autoridades, fue el suicidio. Pero todo el planeta sabe que este niño estadounidense amante de los pokémons murió por culpa de la homofobia. Porque Jamel tuvo la valentía, o la inocencia, de declararse homosexual ante sus compañeros de colegio. Aquello le costó vivir un infierno. Exclusión, estigmatización, acoso e incitación al suicidio: el pack completo del bullying escolar. Y por desgracia lo consiguieron.

Su trágica historia ha devuelto el bullying homófobo hacia los menores a todas las portadas. Una lacra que, como cuenta el escritor Nando López en un doloroso hilo de Twitter, suele inaugurarse con ese "marica" tan tristemente presente en nuestro vocabulario. "Tienes 5, 6 o 7 años y lo único que entiendes de esas letras es que son algo malo porque solo te las llaman a ti. No es más que una palabra. Apenas tres sílaba. Pero duele y se repite tanto que te preguntas cómo librarte de ella. De la risa que suele acompañarla. De los gestos con que te imitan".

Comienza escribiendo Nando:

“M-A-R-I-C-A, la primera vez que te lo dicen ni siquiera sabes qué significa. Tienes 5, 6, 7 años y lo único que entiendes de esas letras es que son algo malo, porque solo te las llaman a ti.

No es más que una palabra. Apenas tres sílabas. Pero duele y se repite tanto que te preguntas cómo librarte de ella. De la risa que suele acompañarla. De los gestos con que te imitan.

A lo mejor es que mueves demasiado las manos, así que te esfuerzas por mantenerlas quietas. Cerca de los bolsillos. Y años después, en una reunión de trabajo cualquiera, te sorprenderás repitiendo ese gesto, sujetando tus manos con fuerza debajo de la mesa.

O quizá el problema es tu manera de caminar. O tu forma de hablar, que, a los que te llaman así en clase, parece que les hace mucha gracia. Y comienzas a odiar tu voz. Tu forma de decir. Esa música extraña que oyes en ti y que, cuando ellos se burlan, te hace sentir ridículo.

O puede que no sea nada de eso. ¿Y si tienes que intentar jugar más al fútbol. O juntarte menos en el patio con las niñas. O dejar en casa esa mochila, ese juguete que dicen que “no es de niños” y que, cuando nadie miraba, te han quitado en el recreo para reírse de ti.

No lo sabes. Lo único que sientes cada vez que te insultan es que debe haber algo que marcha mal en tu interior. Hay algo equivocado dentro de ti. Algo que, día tras día, hace que ir al colegio se vuelva cada vez más oscuro. Y más solitario.

La primera vez que te llaman “marica” es probable que solo tengas 5, 6, 7 años y que no tengas ni idea de qué significa. Por eso duele más. Porque solo cuando lo sepas podrás responderles, darle la vuelta, o hasta apoderarte de ella y gritar con orgullo tu identidad.

Hasta entonces, no te sirve de mucho que te hablen del futuro. Que te digan que ya pasará. Porque si alguien no te tiende su mano en ese mismo instante puede que no llegues a atravesar esos años. Que te hundan antes. Que te rompan.

A quienes ya hemos hecho ese camino nos toca estar pendientes de esos niños. Ayudar. Ser visibles. Educar. Para que las palabras no hieran. Para que buscarse sea posible. Y para que ese crío, que, avergonzado, sujeta con fuerza sus manos las suelte de una vez.

Ojalá ese niño, feliz y sin miedo, hoy fueras tú”

#LGBT #homofobia

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