Pensar que con terminal de Buquebus la rambla seguirá igual "es una ingenuidad o una mentira&qu


La arquitecta Laura Alemán, integrante de la Asamblea Permanente por la Rambla Sur, dijo a Montevideo Portal que el proyecto generará “una afectación absoluta” en la zona.


La posible instalación de una nueva terminal de la empresa Buquebús en la zona del dique Mauá, en la rambla Sur, generó un debate político y ciudadano que se arrastra desde hace al menos dos años.

El proyecto de la empresa de Juan Carlos López Mena incluye la terminal, un centro comercial y también un hotel. Para que se lleve a cabo, se analiza un proyecto de ley que permitirá la enajenación de dos padrones costeros. Además, la empresa deberá construir 1,5 kilómetros de escollera, un muelle de 350 metros y ganarle tres hectáreas al río para encontrar de forma natural las profundidades adecuadas, según reveló meses atrás el semanario Búsqueda.

El ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, está a favor del proyecto y asegura que es una forma de recuperar "una zona que no usa nadie" (según dijo a En Perspectiva) y que hoy es un "nido de ratas". Y si bien el proyecto fue originalmente aprobado en el Parlamento, ha despertado resistencia ciudadana y política, a tal punto que la votación definitiva se postergó y se prevé que se retome en setiembre.

En la vereda opuesta de Rossi está su compañero de partido, el ex intendente y arquitecto Mariano Arana, que consideró "insólito" que el Frente Amplio venda un "área costera estratégica". Lo mismo opina la Facultad de Arquitectura, que señala que una "privatización" del espacio podría contribuir a su "erosión o la pérdida de los valores" que caracterizan a la Rambla de Montevideo.

Para complicar el panorama, el dique es patrimonio histórico nacional, por lo que la construcción deberá respetar los edificios (algo que ya advirtió la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, aunque dio el visto bueno en caso de que se cumpla con la normativa). Las instalaciones están hoy abandonadas, luego de que no prosperara el proyecto de instalar allí el Museo del Tiempo.

En esta carrera contrarreloj de algunas organizaciones para evitar la enajenación de estos predios, el movimiento más activo ha sido de origen ciudadano: la Asamblea Permanente por la Rambla Sur, que se reúne semanalmente, organiza actividades todos los sábados frente al dique a manera simbólica y mantiene permanentemente encuentros con legisladores en un intento por evitar que se apruebe el proyecto o que se realice en otro lugar.

Darse dique bien

La arquitecta Laura Alemán, integrante de la Asamblea -que nuclea a ciudadanos interesados en el tema, no específicamente a vecinos de la zona-, dijo a Montevideo Portal que los encuentros con legisladores aún no permiten anticipar qué sucederá en la votación.

Los argumentos que utilizan quienes defienden el proyecto, asegura, contienen con frecuencia lugares comunes, como que la terminal "le va a hacer bien a Montevideo", o la hará "avanzar". "Habría que ver que significa mejorar o que va a avanzar, y hacia dónde. Creemos que es un retroceso", apuntó.

Si bien se ha dicho que los edificios se van a conservar, la Asamblea cree que la instalación de esas actividades, con puerto, centro comercial y hotel, "va a generar un impacto inmediato en el entorno". "Es ingenuo pensar que no va a generar cambios en el uso de la costa. Y hay que recordar que la faja costera también tiene protección patrimonial, que se vincula a su aspecto público, de circulación libre, y de que todo el mundo que quiera pueda ir a pescar, jugar, caminar de manera tranquila", señaló Alemán.

Si bien la arquitecta admitió que el proyecto no impedirá que se camine por la rambla, aclaró que quienes trabajan en temas territoriales saben que estos proyectos tienen un efecto inmediato y que "un paquete de estas características es seguro que va a generar una afectación absoluta".

Remarcó que basta mirar lo que pasa en algunas partes del Caribe, con hoteles que tapan la visual del mar o enajenan parte de la costa, para darse cuenta de que no es el modelo que Montevideo quiere o pensó para sí en los últimos cien años. "La pregunta es adónde quiere ir Montevideo. Lo que tenemos es casi una rareza a nivel mundial, lo que no es un defecto sino un valor en este caso", dijo.

Contrapunto

La arquitecta tampoco coincidió en las apreciaciones de Rossi, que ha dicho que nadie usa el espacio y que es necesario recuperarlo. "Basta con ir cualquier día para ver que tiene uso continuo. Los edificios no, porque están cerrados al público", dijo. Con respecto al "nido de ratas", expresión usada para justificar el proyecto, lo tildó de "mecanismo retórico".

"No puede plantearse seriamente que las únicas alternativas sean un nido de ratas o el paquete de López Mena. Hay otras respuestas posibles. Se puede mejorar el lugar y preservar sus valores", opinó, tras asegurar que como está pensado hoy, el proyecto es un "paquete excluyente desde el punto de vista social".

Alemán llamó a pensar usos apropiados para el lugar, apuntando a que se abran los edificios, pero siempre con un proyecto sensible con el paisaje y que "permita seguir mirando al mar".

"Sabemos el impacto de un puerto más un centro comercial y un hotel; pensar que el lugar va a seguir igual es una ingenuidad o una mentira. No es así, cualquiera que sepa de urbanismos sabe que esos programas tienen un correlato arquitectónico importante más las afectaciones del propio puerto, con las dos escolleras, problemas con las corrientes y hasta preocupación por la que pueda pasar con la playa Ramirez. Es decir, hay temas ambientales, sociales, patrimoniales y paisajísticos a tener en cuenta", concluyó.

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