Uruguay tiene el primer coro de hombres gay de Sudamérica


Lo integran 20 miembros y han cantado en teatros, iglesias, escuelas y facultades; uno de ellos es el reconocido activista Fernando Frontán.


Son las ocho de la noche del lunes. Los integrantes del Coro de Hombres Gays de Montevideo (CHG-Montevideo) van llegando al templo Aguada de la Iglesia Metodista, en la calle Lima, donde se reúnen a ensayar. Empiezan a sonar las teclas del órgano y se escuchan las voces gruesas sacándose el frío de las cuerdas vocales mientras esperan a los que faltan. El concierto que están preparando para octubre es solo una excusa para reunirse cada lunes en un espacio donde se sienten libres y pueden expresarse a través del arte. En ese lugar y en ese momento, comparten un código que en otros ambientes deben reprimir. Por eso se unieron, y por eso, aún, no aceptan hombres que no sean gays, y no compartan sus reglas. Un outsider se preguntaría ¿qué importancia tiene en un coro lo que sus integrantes hacen en su vida íntima? “Acá no hablamos de nuestra intimidad sexual, hablamos de la identidad social. Aquí lo gay es una identidad. Los hinchas de Nacional perciben el mundo desde un lugar, los hinchas de Peñarol desde otro, tienen en común el fútbol. Los hombres gays percibimos la realidad como hombres gays que somos, tan hombres como los hombres heterosexuales”, sostiene Fernando Frontán, el mediático activista por los derechos de los homosexuales que desde años es pastor en una Iglesia protestante y trabaja como capellán de la comunidad terapéutica para la recuperación de adictos Bethania, en Juanicó. Frontán integra el coro desde sus inicios, en 2016. Fue él junto con el director del coro, Alejandro Giacone, y unos pocos más que decidieron fundar CHG Montevideo. “Me pareció que la propuesta de Alejandro era brillante porque es muy profesional. La idea de cantar no es juntar voces y decir somos un coro, sino que es cantar y que alguien te dirija, haga arreglos, sepa lo que hace y tenga un proyecto técnico con una mirada artística. Lo segundo es que en un mundo donde se ha dicho tanta cosa, el simple hecho de llamarnos Coro de Hombres Gays dice mucho, pero habla aún mucho más lo que cantamos y el corazón que le ponemos”, asegura Frontán.

Voces oscuras, conciertos con color

Todo empezó en 1996, cuando Alejandro Giacone viajó a Estados Unidos y vio el coro de hombres gays de San Francisco. Le pareció “alucinante” cómo hacían música. “Estados Unidos y Europa tienen más tradición de coros de voces masculinas, que siempre me gustó escuchar. Tienen una tímbrica completamente diferente al coro de voces mixtas, que tienen a las sopranos, las mezzosopranos. A los coros de voces masculinas en general los llaman voces oscuras, porque son graves. Los coros de hombres gays lo que suman es el cómo nos acercamos a hacer la música tradicional. Por ejemplo, en Estados Unidos hacen musicales o toman temas de las grandes divas como Barbra Streisand, Donna Summer y los cantan desde esta impronta, no les cambian el género a las canciones, entonces juegan con los géneros de los temas. De repente, tenés un coro de hombres muy masculinos cantando y hacen unos pasos de coreografía muy femeninos en contraposición a lo que están cantando, y eso visualmente es muy entretenido”, cuenta este empleado administrativo y profesor de canto, egresado de la Escuela de Ópera, a quien escuchar música cantada por coros académicos le resulta un poco aburrido. Durante varios años cantó en el coro de voces masculinas Drakkar. “Es excelente, pero no hace esto otro que a mí me gusta, que es sumarle una parte más divertida y descontracturada”.

Giacone había quedado con la idea fija de aquel coro de San Francisco y quería probar hacer algo parecido en Montevideo. “Sentía que era una manera de juntarnos un grupo de cantantes que teníamos el mismo gusto por la música, pero a la vez nos unía la cuestión de ser gays”, cuenta. Empezaron a buscar director e integrantes, y nada fue fácil. No encontraron una persona que quisiera dirigir el coro, entonces se quedó él con el puesto. Llamaron a audiciones pensando que iban a tener un éxito abrumador y tampoco tuvieron suerte. Empezaron en el living de su casa ensayando cuatro, con la consigna de que para cada encuentro tenían que traer a alguien más. Para julio de 2017 terminaron de conformarse los 19, con integrantes de entre 19 y 61 años, que el 23 de octubre estrenaron el espectáculo Compadritos en el Teatro Victoria. Y sin quererlo se convirtieron en el primer coro de hombres gays de Sudamérica. El de Buenos Aires se formó este año, y después hay que ir hasta México para encontrar uno. “Es un signo de que somos una sociedad que nos permitimos determinadas aperturas. Y por eso estamos felices”, asegura su director.

Entre Prada y Darnauchans

El repertorio se basa en música popular ciudadana que recorre canciones de Darnauchans, Cabrera, Maslíah y Mateo; y también aborda compositoras femeninas —“que decidimos no tocarles el género a las canciones y las cantamos desde la voz femenina; y ese es un poco el guiño”— como Ana Prada o Laura Canoura. La diferencia de este coro está en el juego que plantean con las canciones. Por ejemplo, cantan Se dice de mí, que en su versión original compuesta por el argentino Ivo Pelay está interpretada por un hombre, pero en la mitad cambian y la hacen como Tita Merello. Otra pista que indica su condición de coro gay está en las letras que eligen, entre ellas El gran Tuleque, que habla de desaparecidos. “Cuando nosotros decimos ‘uruguayos nunca más’, viniendo de un coro gay, es ‘uruguayos nunca más discriminados’”, aclara Giacone. O en Pecadora, de Ana Prada, donde en vez de cambiar el género y cantar Pecador, como haría un coro convencional, ellos mantienen el femenino.

“Dentro de algunos años no vamos a tener la necesidad de hacer esta distinción. Esto es como consecuencia de un espacio que todavía no está visibilizado, que no está normalizado. Siempre nos hacen la pregunta de por qué un coro de hombres gays. Y yo me pregunto ¿por qué no? Uruguay ha ido avanzando muchísimo en cuanto a leyes, pero en lo social todavía sigue habiendo este tipo de interrogantes”, explica Giacone.

Frontán cree que en realidad es la sociedad la que tiene el problema. “Si decimos el coro de jubilados de la Caja Bancaria, nadie te va a decir, ‘¿y por qué no integran a los jubilados de la Caja de Profesionales Universitarios?’. Y si decimos el coro de niños de la ACJ, no nos cuestionamos por qué los niños de AEBU no tienen un coro”.

Al parecer, la respuesta es muy simple. “Porque sí”, afirma Giacone. “Porque esto nos convoca, porque hablamos de la manera que tenemos de pararnos frente a la vida, porque no es solamente con quién nos acostamos o a quién decidimos querer o que sea nuestro objeto de cariño, sino también es cómo queremos estar en este momento, o cómo vivimos. Todos los días salimos del clóset, todos los días nos hacemos visibles. A algunos les cuesta más, a otros nos cuesta menos, a otros no les interesa. Y esto es una manera de, desde el arte, normalizar una situación, visibilizar”.

En este contexto, un hombre heterosexual no sería del todo bienvenido porque no comparte los códigos que allí se manejan. “Nosotros hacemos bromas o hablamos de cosas que tienen que ver con esto de ser gay. Todos los gays que hemos transitado la vida de lo heteronormativo, que vamos al club y tenemos que jugar al fútbol, tenemos que vivir en una serie de bromas y de códigos que no son las que nosotros haríamos.

Acá encontramos un espacio donde podemos distendernos, hablar de determinadas cosas que tienen que ver con nosotros. Y además, ¿por qué alguien querría participar en un coro de niños de una escuela, si no es niño y no va a esa escuela? Yo creo que dentro de un tiempo, cuando esto esté normalizado y la gente diga ¡ah, mirá qué lindo que cantan!, y lo importante sea ir a ver lo que hacemos artísticamente y no tanto el qué nos convoca, seguramente no exista esa definición”, opina Giacone, a quien desde el principio le ha preocupado mucho la calidad del producto final. “Yo les digo a ellos que cuando nos paremos a cantar vamos a estar doblemente observados. No solamente porque seamos un coro de hombres que va a hacer música popular, sino porque es un coro de hombres gays, y en el imaginario van a estar las preguntas ‘¿y estos qué van a hacer?, ¿de qué van a hablar?’.

Escuelas, iglesias y facultades

El espectáculo­ que están preparando para octubre se llama CHG Cantalamérica, y será un viaje por América Latina a través de sus canciones. La idea es repetir el éxito que tuvieron el año pasado en el Teatro Victoria, donde actuaron con localidades agotadas. Después de ese estreno, una escuela pública del Buceo los invitó a cantar en la fiesta de Fin de Año, e hicieron un concierto de Navidad en la Iglesia Metodista Central, ubicada en Constituyente y Barrios Amorín. “Fue emocionante, la iglesia se llenó. El pastor decía: ‘Nunca tuvimos la iglesia tan llena de gente’. Y fue un concierto soñado, porque estábamos en un espacio que habitualmente no es inclusivo. En general se toma como que estamos haciendo lobby gay, y a nosotros lo único que nos interesa es cantar y hacerlo bien. No somos un brazo de ninguna institución LGBT”, dijo el director. También los invitaron a cantar en la apertura de la generación 2018 de la Facultad de Psicología.

El espectáculo que están preparando para octubre se llama CHG Cantalamérica, y será un viaje por América Latina a través de sus canciones. La idea es repetir el éxito que tuvieron el año pasado en el Teatro Victoria, donde actuaron con localidades agotadas.

Este grupo independiente que se juntó simplemente por la necesidad de cantar —pues la mayoría no tiene formación musical— y lo hace por amor al arte pero con el compromiso de profesionales, tiene también una función terapéutica. “Cada uno viene con sus expectativas, sus dificultades. Está estudiado que en los coros es en el único lugar donde por cantar una canción al unísono y de manera repetitiva las personas, independientemente de la cantidad que sean, pueden igualar la respiración, y si se logra la concentración, hasta igualar el latido del corazón”, concluye Giacone. Y agrega: “Si uno tiene conciencia de eso, es maravilloso, hay una conexión de energía que sucede solo en esto”.

Fernando Frontán: “Estamos felices de ser maricones que nos juntamos a cantar”

¿Ya cantaba antes de formar este coro?

Yo canté en el primer coro de niños de San José de Mayo, soy maragato. Y ahora se celebran 40 años de la fundación y nos vamos a juntar todos los coreutas de ese primer coro. Siempre estuve cantando.

¿Qué lo incentivó a armar este coro?

Esto es una forma personal de hacer activismo. Para mí, el activismo es simplemente incidir en la sociedad en determinados valores, y creo que la diversidad sigue siendo un principio y un valor que no siempre se considera, ni se respeta, ni se integra. Ya el simple hecho de que nos llamemos Coro de Hombres Gays ha generado tanta cosa y la gente lo cuestiona, y te dice: “¿Por qué se autodiscriminan?”.

¿Un heterosexual no puede integrar el coro?

No.

¿Y si hubiera un coro de hombres heterosexuales no sería discriminatorio?

¿Cuál es el problema de que todos se puedan expresar? Ahí está el problema. Esa es la ideología del sistema heteronormativo, cuando no puede controlar lo diverso, lo pretende uniformizar, todo es todo. Y no todo es todo. El que nos juntemos algunos no le hace mal a nadie. ¿Por qué plantean categorías tan universales como la discriminación, la autodiscriminación, el autorrechazo?

La definición de coro de hombres gays trasciende la sexualidad.

El problema aquí no es la sexualidad, es la identidad social que genera la sexualidad, y el problema que tiene esta sociedad con integrar lo diverso de la sexualidad. Mientras siga siendo una incógnita que le inquiete a la gente, el Coro de Hombres Gays se volverá una herramienta y un instrumento político. La política es el arte de articular, negociar, convivir, compartir. Hay un problema de convivencia, esta sociedad no acepta lo diverso, no lo quiere, quiere que todos seamos igualitos. Lo que entiendo es que este territorio del arte, a través del canto, es un espacio que está más descontaminado para hablar de la inclusión. El concierto en la Iglesia Metodista Central para muchos de nosotros fue sanador, fue una experiencia enriquecedora. Cantamos y la gente en ningún momento pensó ‘son hombres gays, qué horrible’. O ‘qué orgullo’, podía decir el pastor, ‘somos una iglesia abierta, recibimos coros de hombres gays’. No. Y nosotros estábamos felices cantando. Estamos ofreciendo algo a la comunidad. Y el arte no tiene explicaciones, no tenemos que explicar quiénes somos, pero sí tenemos derecho a identificarnos como queremos. No es un problema de los varones gays que nos queremos juntar, es un problema de la sociedad que interpreta y empieza a pretender encasillar el asunto. Y no nos autodiscriminamos en absoluto. Es más, estamos felices de ser maricones que nos juntamos a cantar. Porque queremos tener espacios de socialización. ¿Qué onda con que hombres a los que nos gusta la camiseta de los colores de la diversidad nos juntemos a cantar?

¿Qué encuentra en el coro que viene especialmente desde Progreso a ensayar?

Es un ámbito donde no soy protagonista, simplemente soy uno más del montón. Porque ya he sido líder por muchos años en muchos ámbitos, y en realidad la vida se juega en otros espacios. Quizás tenga que ver con los 50 (tiene 52 años). Estás a la mitad del camino. A los 50 uno vive el síndrome de la vuelta a la esquina. Hasta los 40 uno mira para atrás y reconoce los 30, los 20, podés viajar allá e identificarte. Pero a los 50 das vuelta a la esquina, y cuando mirás para atrás la calle que hay detrás tuyo no te dice nada. A los 50 estás solo con lo que traés puesto, quién sos. Yo vengo contento, porque durante los años anteriores hice muchas cosas que me gustaban, hice cosas por los demás, forjé el hombre que quiero ser, pero hoy solamente tengo la oportunidad de ser ese hombre, no tengo que ser nada por otros, siendo yo alcanza. Otros tiempos fueron luchas y causas. Ya eso quedó atrás, y soy feliz de ser quien soy.

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