La fragilidad de la masculinidad



La Masculinidad es muy frágil.

Sí. Frágil como cristal, como porcelana.

Frágil porque un solo color, el rosa, la puede poner en crisis.

Frágil, porque solo se requiere tener un día para conmemorar a las mujeres para que salte, toda ofendida y alarmada.

Frágil porque, en nuestras sociedades, se define por lo musculoso que eres. Por la cantidad de dinero que ganas. Por los deportes que juegas. Por la cantidad de parejas que hayas tenido. Por tu barba y tu pelo en pecho.

La masculinidad es frágil, porque la gente cree que no se puede ser hombre y homosexual al mismo tiempo. Porque inclusive dentro de la comunidad LGBT apuntamos a los hombres Pasivas, así, en femenino como si fuera algo denigrante.

Es frágil porque los chicos que quieren demostrar lo macho que son, lo expresan con sexismo y homofobia.

Porque no te deja llorar. Porque evita que los padres acepten a sus hijos si son diferentes. Porque nos enseñan que siempre debemos tener los pantaloncitos bien puestos. Porque es tóxica.

Pero en realidad, es solo una construcción social. La Masculinidad, como concepto, no debería ser frágil, pero nosotros la hacemos vulnerable. Con nuestros complejos e ideas erróneas y cerradas de lo que es el género. Depende de cada uno poder reconsiderar las diferentes formas de ser hombre. Las diferentes Masculinidades; así, en plural.


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